Mostrando entradas con la etiqueta letras y cenizas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta letras y cenizas. Mostrar todas las entradas
0 com

Kill the writer




No lo seguía nadie. Nunca fue la voz cantante de nada; nuca la unanimidad de las voces se resumía en su opinión. Siempre quiso, pero no.
Jamás logro que le preguntaran su postura frente a ninguna decisión. De chico le imponían los pasos, le condicionaban el trajinar. Cuando adolescente no lo querían ver crecer;  el pibe no se animaba a bailar -¡ignoraba el don que tenía!- porque no daba para expresarse a tal punto de parecer libre. 
El límite fue siempre su horizonte, un horizonte incómodo, ya que lo tenía apretándole el pecho todo el tiempo, en todos lados. Ese horizonte, encimado a su cara, le pinchaba los ojos, marcaba cortes en sus labios, le dificultaba el habla, su única genuina posibilidad de expresión.
De grande hablaba poco y avaramente, así, como para sobrevivir. El murmullo era su grito. Sus conquistas sexuales eran gracias a su encanto natural; las minas se desarmaban ante su inmensa vulnerabilidad, cuando no lo terminaban pateando en el suelo directo a las costillas.
 El muchacho estaba preso en sí mismo. Le gustaba la cornisa, sí, pero estaba encarcelado entre sus miedos, el asombro ante la existencia y el amor. Consiguió comprar una casa, alimentar a su hija –milagro del cielo- que había tenido con su única pareja, pero nunca supo donde encontrarse con él mismo,  con su motivo, no daba con la vibración que lo mantuviese donde él quería estar.

Y le preguntaban: ¿Dónde te gustaría estar? A lo que contestaba con el ruido de la distancia, estallaba en silencio…

Busco en cielos de otro país, en ruidos de calles sin nombre. Nunca despego sin su música y un día hasta se enamoro de un libro. Y aunque kilómetros y cicatrices, de nuevo la soledad: voz muda que aturde y decapita las ideas.
Sentía que el futuro ya estaba atrás de él: adelante no había nada. A los cinco, los catorce, los treinta y cinco años: adelante no había nada. Ni en las mujeres, las drogas, los amigos, los amigos del diablo: el pique no aparecía, no brotaba de ningún lado.

Pero un día, cuando sintió que literalmente el corazón se le escapaba de las manos y daba contra el suelo, encontró una solución. Ahí fue cuando empezó a escribir.

Nunca nadie leyó su poesía.
¿No será que vida es ausencia de muerte?
Desde antes de nacer, este escritor ya estaba muerto.
(Aunque todavía respira)


-----------------------------------------------------------------------------------------------

Este texto fue publicado originalmente en el blog de nuestros amigos TomanDroganPelean
http://tomandroganpelean.blogspot.com.uy/2013/04/kill-writer.html el 10 de abril del 2013.

Inspirado en parte por esta canción de UOH!: 

 https://uohpower.bandcamp.com/track/gizmo-y-baco-rompen-todo


Read more »
1 com

8 poemas fáciles de odiar*




Funeral del poema.
Llanto de palabras rotas
Que lamentan la defunción de la estructura.
Un hombre devorado por su anarquismo.
Dos mujeres bellas que se divierten de dolor
En redor del cuerpo inmóvil de un espejo
Inquisitorio.
Nadie sonríe en el funeral del poema.
Nadie respira.
La música de un verso
Viuda de símbolos
Intenta encontrar consuelo en el hombro del mensaje
Y no lo consigue.
La metáfora de la muerte
No entiende de protocolos
Busca un espacio y descansa/ feliz
Porque sabe de la reencarnación
De su espíritu
En las palabras que quiero decirte mañana
Antes de que sea tarde y el año nuevo nos haga huérfanos.
El funeral del poema
Nace de vos
Cuando miras la página
Y piensas:
A dónde irán los pájaros de la rima
Cuando el poema deja de latir.


///


Héroes caídos
Por toda la plaza
Algunos fuman porro
Otros son como plantas
Pero
Todos
Están muertos.
Ese tipo de gente
Me cae bien.
Muy bien.


///


Voy a seguir meando en la calle
Por 23300 años/ quiero decir
Mis próximas generaciones
Lo van a seguir haciendo.
Como tu hermana y tu mamá,
Que ayer las vi.
Pero no te preocupes
Y menos por mí.
Yo voy a seguir meando en las calles
Por 23301 años/ ¿me explico?
Levantemos las calles
(Es propicio para todos).
El amor de tu vida lo sabe,
Ayer me lo contó.
Pero no te preocupes
Ella
Va a seguir meando en la calle
Porque por 23302 años/ me dijo
Va a seguir
Amándote.


///


Si fuera por tu cuerpo no necesitaríamos confianza.
Si fuera por él.
Si de mí dependiera ya seriamos en la vigilia esa sombra incómoda
Que nadie distingue.
Pero te vas y te llevas el poder del sentimiento
El fuego de las palabras verdaderas
Y con eso la seguridad que no defendemos
Por miedo a que se nos muera lo construido minutos atrás.
La fusión de los latidos.
Poros de la mente.
El mensaje escondido entre el acorde y lo que dice la letra.
El acorde de lo que olvidamos.
Un silencio con tu nombre.
Tu nombre en una roca
Bañada una y otra vez
Una y otra vez
Por las olas del amor
Que nos encuentra lejos de la orilla
En la ciudad
Rodeados de los edificios que terror nos regalan.
Porque el miedo como la mentira
Viven en los cuerpos que conocemos,
Que vemos todos los días.
El tuyo y el mío.
Que hoy están lejos
Y se desean
Como las olas a la arena
Y a esa roca con el “te amo”
Que no te animas a escuchar.


///


Las canciones de Jeanett
Encierran ese odioso amor
Que siento hacia todo.
Ahora mismo hay menores siendo abusados.
Estas vos/ actualizas la página pensando en nada.
Estoy yo queriendo escribir algo sobre el odio y la belleza que se sienten simultáneamente hacia todas las cosas en los días de lluvia, en pleno verano.
Pero encuentro otra canción de Jeanett
Diciéndome que todo está perdido,
Que por más hermosa que haya sido la vida del poeta muerto
El mensaje de la rutina es insuperable.
Quiero decir:
El terror que habita en las tacitas de porcelana
Es aún peor que la escena morbosa
Del diablo merodeando tu cuello.
El cover de Carmen Sandiego es excelente.
De Jeanette.
Quiero decir:
Porque es terror contenido en un momento cualquiera.
Como  éste,
Un muchacho ciego que busca perlas
En el excremento infame
De una noche de pánico.
Cambiar de canción.
Eso es:
Debo cambiar de canción.

///

(Hoy
El único poema
Sos vos llorando lejos,
Bien lejos de mi casa.
Hoy
El  único poema
Sos vos.)

///

“Voy a arrancar a mamarme”
Me dije.
“Ya que estoy desocupado”
Proseguí.
“No importa que sean ya
Las cinco y media de la mañana”
No fue culpa del disco de Lira.
Estaba solo en mi casa
Después de mucho tiempo:
Eso tiene más sentido.
“Mira este cover de mierda,
¡Qué lindo le quedó!”
La simpleza.
El despojo.
Todo lo que puede ofrecer el silencio
Decorado de nylon y melodía.
Afuera el patio se ve claro.
Las perras duermen.
Los vecinos también.
Mañana tengo como cincuenta libros para repartir.
Capaz que los dejo para el miércoles,
(Aunque también tenemos que ir a grabar por la mañana)
No importa.
¿Qué estará haciendo Andreína?
No importa.
Total...
"¿A caso vos me elegirías?"


///


La voz solemne del poeta
Me aburre.
La voz solemne del poeta
Se parece a la de Olimpia
Aunque menos hermosa.
Me aburre.
Me gusta que Tuti Curani
Use la palabra “chape”
Y  “pogueando”
Pero la palabra solemne del poeta
Me aburre.
Ni la de Galeano.
Ni Benedetti.
Nunca la de Idea.
Jamás la de Casciari.
(La de él me dan ganas de copiarle).
Pero la voz solemne
Del poeta automático
Me embola.
¿Usaste alguna vez esa palabra?
Es más análoga que hartura
Que tedio...
Todo lo solemne.
Me aburre.


-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------


*Estos poemas fueron escritos entre el 1 y el 6 de enero del año 2016 por Juan Sebastian entre las 2 y las 7 de la mañana.

Read more »
8 com

Lo del Juan


- Y si yo te digo que tus conclusiones no llegan a ningún lugar? EEE? Porque la “realidad” es mentira, idiota!.. que tal si te cuento que en realidad estamos en el año 2923 y se ha desarrollado una tecnología “siniestra” en algún sentido, que se inserta en las cabezas de pacientes en estado vegetal irrecuperables haciendo que "vivas" en un mundo de fantasía, en vez de pasártelas todo el tiempo con la mente en negro, como veladora desenchufada y que tu única actividad física sea apretarle la mano a quien toca la tuya, como una patética señal de vida? Que esta “macanuda” tecnología nano-métrica está programada para auto-convencerte de que sos un joven de algún país tercermundista del siglo XXI, en este caso, de Uruguay, y con un futuro más o menos “ahí” de viable? Y que en realidad sos un vejestorio de 80 años, noruego, rico... millonario... pero en la soledad absoluta porque tu familia no te pasa ni un poquito, postrado en una cama, enchufado hasta las manijas y que tu única compañía, a través de, ya, varios años, sea una enfermera que piensa que sos una especie de electrodoméstico que necesita muchos trifásicos para conectarse? Que pensas al respecto e??? Y que tal si te digo que podrías morir en cualquier momento, causa de tu impresionante deterioro de tu salud real? Y que en esta realidad/mentira vas a salir en los noticieros como una muerte súbita, inexplicable, en el medio de la vía pública? Rodeado de amigos llorando, que, seguramente, sean personas que en realidad ni si quiera conozcas de verdad? EEE!!? Que sean otros viejos, de otro país “avanzado”, en otra cama, en otro hospital pero en el mismo estado vegetativo?... o peor aún, personajes ficticios creados por algún programador come-moco con los dientes pa’fuera? Y que en realidad, lo que ocurrió fue que tu corazón frio, burgués, solitario y egoísta estalló al fin! causa de más de 30 años de adicción a las drogas contemporáneas del siglo XXX? Eh? Si te digo eso qué?... algo más?

- y… una cajilla de 10 y una patricia, ahí te dejé el envase…

- ta… son $146.

- tomá Juan, no tengo cambio.




(el autor solo será revelado naturalmente ante los ojos de seguidores asiduos al blog, y el que no lo adivine tiene un problema que ya no nos pertenece...)
Read more »
6 com

Mastrángelo Pisorno



Una historia de locura y amor


- Ya estamos cerca, Lupita. Ten el rifle cargado, no sabemos con qué nos encontraremos - dijo Crisantemo Murphy dirigiéndose a su iguana.

Lupita continuó comiendo un trozo de carne podrida en la parte trasera del auto sin percatarse que Crisantemo se dirigía a ella. Hacía tanto tiempo que compartía con él que ya no se inmutaba por sus habladurías. Siempre era más de lo mismo: si no hablaba sobre sí mismo refiriéndose en tercera persona, hablaba sin sentidos sobre volverse millonario o sobre cobrar venganza por apuestas no pagas. Pocas cosas realmente interesantes salían de su apestosa boca.

- El gran Crisantemo se cobrará esta... No puede pasarlo por alto. - Y allí iba otra vez - Son ya dos semanas impagas de apuestas y Renato debe pagar. Como sea, él debe pagar.

Cris comienza a desacelerar la marcha de su vehículo, hay una bifurcación en el camino. Un cartel reza “Na’quever 10 kms.” hacia la derecha. Detiene el auto por completo a un lado de la señal. Mira el cartel y suspira profundamente, tomando con firmeza el volante. Levanta sus lentes de sol espejados y mira a Lupita a través del espejo retrovisor, en tanto ella engulle el último trozo de carne que hay sobre el asiento trasero. Ella se relame y se acerca al lado donde da el sol, para calentar un poco más su esbelto cuerpo de reptil. En ningún momento dirige la vista hacia su compañero.

Crisantemo mira su muñeca derecha donde tiene un vetusto reloj pulsera. Este indica que son las 6:30. Extiende su mano hasta la guantera y la abre, dejando caer de esta un emparedado de atún a medio comer y muchos papeles sucios. Revuelve entre la mugre que hay en ella y saca un pequeño estuche con 35 gramos de marihuana, la cual se apresta a preparar con especial cuidado. Coloca un pequeño fragmento en su mano y la muele entre su palma y dos de los gordos dedos de su mano contraria.

- Llegó la hora del porrito, Lu.

Tras quitar cada morruga de su piedrita de cannabis, toma una seda arrugada del bolsillo de su sucia camisa, la estira y dobla para darle firmeza y derrama cada fragmento de su elixir fumestible en ella, sin dejar caer ni un fragmento al lúgubre basurero que era el piso de su automóvil. Amasa su creación con delicadeza y lo cierra cual caramelo.

- Si nena, Crisantemo Murphy se dará el gusto de la tarde - decía en tanto maniobra su abultado cuerpo tras el volante para salir del vehículo.

Con su culo gordo apoyado contra la puerta trasera del lado izquierdo enciende su cigarrillo de marihuana. Pita profundamente; tan profundo que con una sola pitada se ha consumido casi un tercio de su porro. Aguanta el humo dentro unos momentos y tose al expulsar el humo. Lo repite un par de veces más, pero no con tanta profundidad.

Lupita duerme tranquilamente tras almorzar, dejando que su cuerpo se caliente con el fuerte sol del desierto. Simplemente cumple su rol de reptil, dejando calentar su sangre fría con el calor solar y dormir. Es un puto reptil modelo, nada especial.

Cris fuma hasta la última porción de su porro, aprovechando cuanto puede, un tanto decepcionado por la mala calidad de este prensado. Se promete para sí mismo no volver a comprarle a ese boliviano hijo de puta. Antes de volver al auto y continuar su viaje de venganza se acerca al cartel para mearlo. Empieza a vaciar su vejiga, apuntando al poste que sostiene el cartel. Una pequeña rana sale de un arbusto en la base del poste que meaba Cris.

- Mal momento para salir, pequeña puta.

El gordo hijo de una gran puta apunta su chorro de meo hacia la indefensa rana. El animalito, más que huír, se queda estático recibiendo la poca húmedad que ha sentido en mucho tiempo. No es fácil conseguir agua en el desierto, y no importa si esta viene en forma de whisky destilado en los riñones de un gordo imbécil. Crisantemo la observa desde arriba, curioso. Se detiene a ver cada detalle del animalito, como se dibujan esas pintitas negras sobre su rojo lomo. Ya sin orina en su vejiga, se mantiene con la mirada estática en ella e inmóvil, con su pequeño pene aún al aire y goteando sobre su pantalón.

- Pero mira que tenemos aquí. Es una de esas ranas alucinógenas. - dice en cierto tono de sorpresa - ¡Lupita! ¡Tenemos una puta rana alucinógena acá! ¡Jajaja! - Y Lupita ni siquiera se inmuta de su siesta.

De un zarpazo se agacha y captura la rana con ambas manos. La acerca cautelosamente a su cara y ella se mantiene quieta. Ve como de su lomo empiezan a aparecer gotas de algo además de su orina hedionda. Se levanta sus espejados lentes y se ve como sus ojos brillan de deseo. No lo aguanta más y la lame, sin importarle que esté lamiendo de su lomo. Y lo hace una y otra vez, casi sin parar. Frenéticamente. Un par de ranas salen del arbusto y se dirigen al charco de meo. Los ojos de Crisantemo se desorbitan.

- ¡Oh... mi... dios! ¡Hoy debe ser mi cumpleaños!

En un solo movimiento arroja la rana que tenía en su mano y toma ambas ranas. En una orgía de lamidas toma cuanto puede del jugo que emana de sus lomos. Sus ojos se desorbitan y miran con locura para todos lados. Espuma rabiosa empieza a salir de su boca. Ríe a carcajadas. Se arranca la camisa y se frota las ranas en el pecho. Su cara es pura felicidad. Es pura y loca algarabía.

El sol se va ocultando lentamente en el desértico horizonte. El único ruido que se siente en kilómetros es el viento arremolinándose y las carcajadas de Crisantemo. Tras unos minutos, solo el viento.

* * *

Abrió los ojos con lentitud. Hacía muchas horas que se durmió. El sol está arriba hace rato, pero jamás se percató. Se arrastra con dificultad hacia afuera, en tanto su vista se acostumbra al brillante sol del desierto. Baja con cuidado hasta tocar el seco y caliente terreno. Mira hacia la puerta con curiosidad. La mano de su compañero está aferrada a la manija. El reloj marca que son las 8:30 de la mañana.

- ¡Hey, amiga! Usted si que durmió una buena siesta. - dijo una de las ranas que comía junto a las otras dos un trozo de la grasienta nalga de Crisantemo.

- Uf, ni que lo digan. Debo haber estado horas allí dentro. Ya no soportaba más a este gordo pajero. - Contestó Lupita desperezándose.

- Pues venga con nosotros a desayunar. Tenemos bastante por comer antes que vengan nuestros invitados del desierto. ¿Cómo es su nombre?

- Lupita, mucho gusto. - dijo la Iguana acercándose a el culo de su difunto dueño, donde las ranas trozaban de a poco al gordo - ¿Y cual es su nombre, señor?

- Pisorno. Mastrángelo Pisorno. Encantado de conocerla.

Y así fue que este cuarteto reptiliano se conocieron. Degustaron al difunto gordo hasta saciar su apetito. Llegada la noche, organizaron una pequeña fogata a un lado de su cuerpo y contaron historias de terror, donde gallos psicópatas del espacio exterior vestidos de Papá Noél devoraban pequeños renacuajos que se fueron a reproducir a un lago y cosas por estilo, mientras fumaban porro y tomaban té de floripón.


-.FIN.-


Moraleja: el que no hace palmas, se deja... se deja.

autor: Chilito
Read more »
7 com

Tiro



Tiro mis días desde la incomodidad del hogar, paciente, como debe de malgastarse el tiempo, con la cabeza mal apoyada contra una silla, de la que ya estoy arto y aburrido. Tiro mis días con la espalda pegada a las baldosas, sintiendo el frío, mientras comienza con apuros “Don’t Sit Down ‘Cause I’ve Move Your Chair” de los Artic Monkeys al mismo tiempo que giro la cara y pienso “que sonido están arrancando estos botijas de sus guitarras” para luego volver a descansar el ojo en un rincón del techo.
Tiro mis días y aplasto sus colillas contra el cenicero de vidrio azul, quemado en su base, el que tengo siempre a la distancia perfecta del brazo estirado, sobre el piso, haciéndome compañía mientras tiro mis días, ¡BANG BANG!, directo al pecho de mi alma.
Tiro a tiro, tiro mis días. Tiro mis días rezongando con el sol, la mañana, el golpe del día cuando todavía es temprano y el reloj esta en cero; veo pasar a las personas mientras con la punta de mis dedos y un cigarrillo colgando a medias de mi boca, tiro mis días como cartas, desparramadas por el piso que siempre me encuentra, bajo la mesa y la escalera, sobre los discos, tapando los libros en un rincón, entre portarretratos y botellas.
Tiro mis días para escucharlos girar con el sonido del agua en la porcelana blanca, lisa, limpia como las venas, como los hospitales, y mientras dan vueltas y vueltas solo me atrevo a observar, memorizo cada estúpido día para inmediatamente olvidarlo, dejarlo ir por el agujero roto de la memoria.
Tiro mis días y continúo leyendo, y no es por azar que los tiro para arriba sabiendo que luego me terminan cayendo encima, verlos caer de reojo mientras me pierdo en “El País de las Últimas Cosas” de P.Auster, en sus descripciones exactas de cómo el mundo se resquebrajará en porciones toscas y absurdas, hasta dejarnos encerrados en una isla, en la que comienzan a caerse las paredes que protegen a nuestra cordura; tiro mis días y los veo rebotar por los costados pero sonrío, sin apartar mi mirada de las páginas.
Tiro mis días y me busco en otros lugares, nuevos mundos misteriosos de los que esconden perlas dignas de traer a la superficie, ya que por ahí se mueve este asunto: mientras tiro mis días nunca suelto del cráneo la esperanza de prescindir de todo lo supuestamente necesario, tiro mis días para luego salir a buscarlos, sobrevolando la ciudad por la noche como un ave extravagante de enormes alas, con la intención de vengarse hasta del menos doloroso de sus peores momentos, devorarlos, sin la carga de un millón de días de miseria y desamor.
Tiro mis días por que se quien soy, tiro mis días pero se donde encontrarlos: todos y cada uno tiene su perla escondida, aunque algunos buenos vendedores intenten demostrarnos que no tiene valor.
Tiro mis días aún en paralelo al  suelo, en esta oportunidad con la cabeza debajo de los parlantes que cuelgan de la pared, un pie sobre el sillón, y un porro bastante grande bien apretado entre los labios, aunque cambié el desnudo por una camisa y ahora leo a J.D. Salinger, la barba ya no existe y en los ojos llevo un dejo de felicidad; si bien todavía siento que no es el momento, tiro mis días aunque a menor velocidad y los ubico sobre una pila ordenada que ahora estoy controlando, para que cuando vengan a buscarme no me tomen por sorpresa y sepan, que desde la primera calada onda los estoy esperando.
Tiro mis días, ¡BANG BANG!, pero iré por todos ellos.
Read more »
3 com

Quiebra noche


        
          El ambiente en aquella cueva era muy caluroso, húmedo y sofocado de personas bailando en medio del humo, destellos de luz y el bajo perverso de una canción electrónica confusa y agresiva; Javier avanzaba por entre los cuerpos mirando rostros desconocidos en las intermitencias de un flash peleador, que hacia que las personas parecieran bestias en plena metamorfosis, sacudiéndose y gozando una danza en medio de la que algunos desvanecían, al mismo tiempo en que otros saltaban hasta lo alto con la mirada onda en medio de la locura imperiosa. Personas de lente, personas desnudas; mujeres con pelucas de plástico, vestidas de colores brillantes, sudando, rozándose y delirando en medio de un mar de seres insólitos; hombres hundiéndose en el alcohol, con corbatas, botines, polleras, remeras lumínicas, clavando sus miradas en los bárbaros que los rodeaban con claras intenciones de exprimirlos hasta la deshidratación, por el solo hecho de sentirse los dueños del momento. Javier no deparó demasiado en aquello; solo reposaba su atención por algunos segundos sobre todo lo que allí ocurría. Sabía que no era la clase de lugares que le gustaban, pero los tormentos de un presente fugaz lo terminaron encontrando en medio de una discoteca postmoderna. No era momento para buscar explicaciones, sino todo lo contrario. Después de tragarse desesperado un Jack Daniel’s doble a un lado de la barra, dio el vaso fuerte contra el mostrador y penetro al medio de la pista con total insolencia.  
            La música no había cambiado mucho, al menos para el oído de Javier. Éste saltaba con las manos desordenadas en medio de la muchedumbre. Por un momento experimento la sensación de pertenencia a un grupo determinado, pero fue solo por un momento. Las miradas que parecían distraídas, deparaban en él con algo de vanidad, como odiando desde lo profundo la realidad de un hombre supuestamente feliz, satisfecho, que en realidad estaba solo y en plena búsqueda de su equilibrio. De un momento al otro una joven evidentemente menor que él se conecto con su forma de bailar y trato de ser simétrica con los movimientos de Javier. La cabeza del muchacho estaba en cualquier pensamiento perdido, hasta que se vio conectado con la chica, que desde unos centímetros debajo de su mirada, proponía un juego peligroso. Las piernas se entrechocaban constantemente, pero ninguno lo notaba; sus cabelleras estaban despeinadas y la chica decidió tomarlo del cuello para manejar los movimientos de la pareja. Javier ya totalmente fuera de sí mismo, gozo profundamente el calor de la situación frenética, dejando caer su cabeza hacia atrás para sonreír levemente mirando para el techo. Los besos en el cuello, cortesía de su compañera de baile, cedieron al momento en que la música llego a una cima impensada y ambos comenzaron a saltar con los ojos duros de frente al flash, viendo a todos desde lo alto, planeando sobre un ambiente agobiante que por minutos se parecía al limbo. Con la mirada desenfocada y el sudor deslizándose por la espalda, Javier tomo del rostro a la menuda chica que se prendió de sus labios con cruda brutalidad. El beso era rabioso. Al ritmo de melodías electrocutadas, ambos cuerpos se fusionaron; ella lo tomaba del cuello de la camisa con ambas manos, mientras el se perdía en su cintura recorriendo con ambas manos el contorno de aquel ángel oscuro.
Con la misma brutalidad y falta de racionalidad, Javier se desprendió de aquellos labios para caer en el piso debido a un mal movimiento. El piso de la pista estaba ensangrentado, y después de tocarse los labios entendió el porqué. El golpe contra el piso fue tan duro que despejo sus ideas todas y de una sola vez, encontrándose tirado en medio de bestias del infierno que volvían a mirarlo como echándolo del lugar. Javier reacomodó su ropaje, corroboró la presencia de sus pertenencias en cada bolsillo, y se dispuso a salir lo mas rápido posible, como escapando de si mismo, de su estado, de las consecuencias de su desencajada vida.
            Al salir afuera, el frió lo abrazo hasta penetrar los poros. El primer impulso fue prender un cigarrillo, así que pidió fuego a una pareja de hombres vestidos de rosa que se tocaban en la salida. Después de algunas caladas hondas, descargó un par de insultos a la pareja de muchachos, que intentaban convencerlo a gritos de compartir una habitación en algún rancio hotel de por esa zona. En la esquina sintió estallar una botella en sus talones, pero siquiera intento girar la cabeza. Después de encontrar un lugar donde sentarse a pensar y suspirar al fin, un mensaje de texto llegó a su celular. Uno de sus amigos colegas escribía para avisar a Javier sobre la trasnochada y sorpresiva publicación de uno de sus textos en una revista de tirada nocturna. La idea ahora era dar con uno de esos ejemplares y celebrarlos con una cerveza, lo más lejos posible de ese antro apestoso del que ya estaba a casi un kilómetro. Antes de ir a lo de Mario, el revistero sonámbulo de su barrio, la parada era obvia en Factotum, donde luego de invitar una bebida a una mujerzuela, entre charlas y caladas, amaneció con el ruido de los autos y el zumbar de los ómnibus – ya repletos, ya invadidos – que volvían a nuestro protagonista a su eje, indicándole que aquella nueva jornada estaba otra vez en marcha.
El sol rasgaba el pavimento mientras los transeúntes coreografiaban sobre las veredas la danza de la capital. Javier salio largando humo calle abajo. Un nuevo día ofrecía una nueva oportunidad, esta vez, con una publicación en la calle, y una sonrisa casi invisible clavada sobre la mejilla. Algo le aseguraba que ese sería el día en que comenzaría su propia revolución.



Read more »

Público frecuente